Página322 En este contexto, uno de los elementos que más destaca a primera vista es la importancia dada a la comida en el tiempo festivo. Si hemos considerado la participación y el derroche como dos elementos definidores de la fiesta,...
morePágina322 En este contexto, uno de los elementos que más destaca a primera vista es la importancia dada a la comida en el tiempo festivo. Si hemos considerado la participación y el derroche como dos elementos definidores de la fiesta, habrá que concluir que no menos relevantes son en este sentido la comida y la bebida, porque no hay fiesta que no implique un consumo especial y específico de ciertos alimentos y recetas (González Turmo 1992: 39). De hecho, en España, el beber (me refiero, por supuesto a beber alcohol) es considerado como una de las formas fundamentales de la participación; así que si no se bebe es prácticamente imposible captar el sentido lúdico de muchas celebraciones y la participación, en el sentido de compartir íntimamente algo, queda seriamente limitada. Muchos alimentos y formas culinarias específicas están ligadas al ciclo tradicional de las fiestas y todavía hoy se consideran de consumo prácticamente obligatorio. En concreto, ciertos dulces se preparan sólo con motivo de fiestas específicas, aunque se trate de productos de elaboración plenamente fabril (los turrones de Navidad y los roscones de Reyes, tal vez sean los más extendidos por todo el país) y también son numerosas las variantes de postres caseros relacionadas con determinados tiempos D os elementos importantes, cuya intervención parece necesaria para poder hablar de fiesta, son que haya gente y se derroche; hasta tal punto que podría decirse que no hay auténtica fiesta sin ellos (Delgado 1991: 34). La ostentación siempre ha formado parte de la fiesta en los países mediterráneos y sus aspectos económicos han sido atendidos en el análisis de los antropólogos. Sin embargo, en la actualidad la extensión del ámbito del consumo a prácticamente cualquier rincón de la vida cotidiana, e incluso a la propia definición de la persona como ciudadano (García Canclini 1995; Foster 1999), alcanza también, como no podía ser de otra forma, al ritual y la fiesta, y así la clara revitalización de la fiesta popular que se ha producido en España a partir de las décadas finales del siglo XX, de la mano de la creación de recursos patrimoniales y del turismo cultural, no sólo ha conllevado un aumento del número de participantes, sino también y, por los mismos motivos, el crecimiento del consumo y el gasto. En estas " nuevas " fiestas la organización, al igual que la participación, supera ampliamente el control local; la celebración está mediada por numerosas instancias organizativas que establecen el programa y el desarrollo de los actos festivos; tanto si se trata de celebraciones tradicionales revitalizadas, como de creaciones nuevas (Boissevain 1992). TRADICIONES Y CULTURAS POPULARES